Publicado: 24 de Diciembre de 2016

En España, según una encuesta de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), se ponen una media de tres lavadoras a la semana. Con la llegada del invierno las coladas semanales se complican porque empiezan a aparecer prendas de lana o de tejidos que nos hacen dudar antes de lanzarlos al tambor de la lavadora, especialmente si tenemos en cuenta que, según ese mismo estudio, un 37 % jamás lava sus prendas a mano. Así que nos encontramos con chaquetas, abrigos, jerséis e incluso mantas y nórdicos que nos miran impertérritos mientras nos preguntamos cómo lavarlos y cada cuánto tiempo. Aquí tienes todas las respuestas.

Sí, los abrigos no se limpian solos: hay que lavarlos

Reconócelo: hace cuánto no lavas ese abrigo que te pones en cuanto bajan las temperaturas. ¿Dos años? ¿Tres? ¿¡Desde que te lo compraste, hace cinco años!? Aunque estés convencido de ello, no, los abrigos no se limpian solos. “Un abrigo conviene limpiarlo una vez al año. Incluso aunque aparentemente no tenga machas visibles. Hay que quitar los olores y las manchas que tapa el color oscuro del tejido", apunta Juan Carlos Mas, presidente de la Federación Española de Tintorerías y Lavanderías (FETYL)

Voy a lavarlo ahora, que empieza el frío. ERROR

Y ahora viene lo bueno: hay que lavarlo al terminar la temporada de invierno, en marzo o abril. "Es un error dejar la limpieza para cuando empieza el frío con la idea de utilizar el abrigo recién limpio. Los olores y las manchas que pueda tener, cuanto más tiempo pasen en un tejido, más complicado será sacarlos después. Si dejamos un abrigo todo el verano sin lavar solo conseguiremos que el olor y la suciedad se extiendan, persistan y sea más difícil eliminarlos”, explica tajante Juan Carlos Mas. Pero ¿cómo se lava un abrigo?

"Es un error dejar la limpieza para cuando empieza el frío. Los olores y las manchas que pueda tener, cuanto más tiempo pasen en un tejido, más complicado será sacarlos"

Abrigos de lana

¿Puedo meter mi abrigo de lana en la lavadora, así, a lo bestia? La respuesta es sí, pero no a lo bestia. Hay que tomar alguna precaución. Antes de meter el abrigo en la lavadora es aconsejable quitar las pelusas. Cómo. Enrolla en tu mano un poco de papel de celo o de papel adherente de embalar y presiona por todo el abrigo. ¿A que tenía mucha porquería?

Ya lo tenemos listo para meterlo en la lavadora. Lo primero que hay que tener en cuenta es que vamos a lavar una prenda delicada, así que hay que olvidarse las rutinas del lavado normal. Importante poner el programa adecuado. La mayoría de las lavadoras tienen un programa específico para la lana. En el detergente, igual procedimiento: comprar el adecuado para este material. La temperatura, máximo 30 grados. No conviene utilizar suavizante, ya que puede deteriorar el abrigo.

Isabel Romo, directora de operaciones de las tintorerías 5àSec, nos da algunos consejos: “No llenar la lavadora más de la mitad. Así se evita el roce y que se formen las temidas bolas de lana. Además, es importante saber que la lana conserva la forma al secarse por lo que debemos extender la prenda manteniendo su aspecto original y sin arrugas". ¿Y después? “Se debe guardar con una funda, a ser posible de tela (las venden entre 4 y 10 euros), y que nunca esté cerrada para evitar que coja humedad. Conviene que transpire, a menos que se guarde al vacío”, sostiene Juan Carlos Mas.

Con mis propias manos

Si se quiere una solución más profesional (y cara) que la lavadora, están los centros especializados donde se lavan en seco. Otra alternativa (eso sí, más laboriosa) es lavarlo a mano, siempre en agua fría o tibia y con un detergente recomendado para el tejido de la prenda. ¿Otro método para lavarlo a mano? Toma nota. Colocar el abrigo extendido, por ejemplo sobre una mesa. Poner en un cazo agua caliente con un chorrito de amoniaco. Después, mojar una bayeta limpia en el agua caliente con amoniaco, escurrirla y pasarla por todo el abrigo. ¿Y el olor al amoniaco? No hay que preocuparse, ya que desaparecerá cuando se seque.

Abrigos de plumas o nórdicos: el truco de la pelota de tenis

Cuando nos enfrentamos a un plumífero (o un nórdico) el proceso de lavado incorpora un elemento sorpresa: pelotas de tenis. Lo explica Jolie Kerr, la autora del blog Ask A Clean Person. "Se trata de introducir en la lavadora, junto al plumífero, un par de pelotas de tenis. Por qué. Las pelotas golpean el abrigo y hacen que se mueva e impiden que se hagan pliegues, arrugas y que se apelmace la prenda. Con este golpeo las plumas queden más esponjosas". "Además, los centrifugados deben ser muy cortos para que las plumas no se queden duras”, asegura Romo.

Bien, ya se ha lavado y hemos conseguido que no se arrugue gracias a las pelotas de tenis. Ahora hay que secarlo. “La pluma, si no queda bien seca, huele. Se puede secar al aire, pero es difícil que vuelva a su volumen original”, explican los especialistas. ¿Entonces? "Lo mejor es hacer uso de una secadora", concreta.

Y con las mantas, qué

Los inviernos no serían lo mismo sin ese planazo tan de domingo de película, sofá y manta. Pero ¿cómo las lavamos? Si son de lana, las trataríamos igual que los abrigos de este tejido. Si, como es más habitual actualmente, son sintéticas, nos encontramos de nuevo ante las dos opciones; dejar a los profesionales, algo recomendable especialmente si son mantas de gran tamaño, o lavarlas en casa. Si escogemos esta última opción y lo hacemos en la lavadora es preferible hacerlo con agua tibia -como máximo a 30º- y, sobre todo, hay que tener cuidado con el centrifugado: no debe ponerse a demasiadas revoluciones por minuto. Lo normal es 800 rpm; si la manta es pequeña y sintética podrá ponerse a 600 u 800; pero si es grande tendrá que ser a menos, dependiendo del tamaño.

Como último paso, lo mejor es dejar secar al aire. Una vez seca, lo ideal sería guardarla envasada al vacío (venden unas bolsas especiales: 10 unidades, 20 euros), lo que reducirá considerablemente su espacio y asegurará que el próximo invierno esté perfecta justo el mismo día en que, después de una feroz resistencia, nos demos cuenta de que el frío ha llegado para quedarse.