Publicado: 28 de Febrero de 2017

El electrodoméstico que más usamos en casa es, sin duda, el frigorífico y este precisamente es el responsable de más del 25% del consumo energético en nuestros hogares. Conseguir reducir dicho consumo, sin que ello repercuta en el funcionamiento del mismo, es una de las mejores recetas para ahorrar en la factura de la luz.

Y es que el frigorífico no es que sea el electrodoméstico que más consuma, pero es el único que está encendido las 24 horas los 365 días del año. A continuación, vamos a mencionar una serie de consejos que os ayudarán a reducir el consumo eléctrico del frigorífico.

1. Elige bien en la clase energética

Escoger un electrodoméstico con una clasificación energética A, pudiendo ser de hasta A+++ siempre es una elección de ahorro a medio y largo plazo ya que cuantas más “+” tenga, mayor será nuestro ahorro, pudiendo llegar hasta un 60% extra en tu consumo energético, lo que se puede traducir en hasta más de 450€ al año.

2. El tamaño influye

No os dejéis impresionar por un gran tamaño a la hora de comprar un frigorífico y escoged siempre un modelo adecuado a vuestras necesidades. Por cada 100 litros de capacidad, el consumo aumenta unos 120kW/año, es decir, unos 14,3€/año.

3. Estado del frigorífico

Si ya han pasado algunos años desde que lo compramos sería conveniente asegurarnos de que está en perfectas condiciones. El mal funcionamiento del mismo es el principal causante de un consumo excesivo.

Por ejemplo, las juntas de goma del frigorífico se deterioran con el paso del tiempo, una buena forma para comprobar si la puerta cierra herméticamente es la de colocar un papel entre la goma y el frigorífico, si puedes sacar el papel fácilmente estando la puerta cerrada necesitará un ajuste.

4. ¡Llénalo sin miedo!

Un frigorífico lleno (al menos 2/3), consume menos que uno vacío, ya que la cantidad de aire caliente que puede entrar es menor. Esto se debe a que los alimentos retienen más frío que el espacio libre.

Tampoco es necesario llenarlo en exceso, sino disponer de los alimentos que necesitemos. Si te vas de vacaciones, puedes llenar tu frigorífico con botellas de agua, por ejemplo.

5. Coloca los alimentos en el sitio adecuado

Si quieres ahorrar energía y conservar adecuadamente tus alimentos, debes usar correctamente las diferentes zonas de temperatura de tu nevera. El modelo de almacenado más eficiente sería el siguiente:

Puerta: Aquí pondremos alimentos como leche, huevos, mantequilla, bebidas, salsa de tomate, etc que no precisan temperaturas demasiado bajas irán en la zona de la puerta de apertura porque es la parte menos fría.

Parte superior: Es la menos fría, por tanto es ideal para lácteos y embutidos puesto que las las temperaturas oscilan entre los 4 y 5 ºC. Aquí también se pueden almacenar las sobras, los alimentos ya cocinados y aquellos productos en cuya etiqueta figure “una vez abierto, consérvese en frío”. El queso y otros productos lácteos deben guardarse bien envueltos en esta zona, menos la leche, que resulta más práctico guardar la leche en la puerta de la nevera para tenerla al alcance de la mano.

Parte inferior: La carne cruda y el pescado son los más perecederos y uno de los más peligrosos desde el punto de vista de la seguridad alimentaria. Por esta razón, deben guardarse en la zona más fría de la nevera (unos 2 ºC), que suele ser la que queda por encima del cajón de las verduras. Además, con esto se evita que sus jugos puedan gotear sobre otros alimentos.

Cajones: Las frutas y las verduras deben ir en los cajones (a unos 10ºC), porque las bajas temperaturas pueden deteriorarlas.

Por supuesto, no abras la puerta del frigorífico sin necesidad: cada vez que lo hacemos sube la temperatura del interior, por lo que gastará nuevamente energía para conseguir recuperar la temperatura hasta un nivel óptimo.

6. Instalación / Colocación

Es muy importante elegir el sitio más adecuado y evitar que la luz solar incida directamente, cosa que obliga a trabajar innecesariamente al frigorífico. Lo mismo se puede aplicar a fuentes de calor externas, ya sea el horno, un radiador o lavavajillas; cuanto más lejos, ¡mejor!

Comprueba que no haya nada que obstruya la parte trasera del frigorífico. El aire caliente debe poder salir, de lo contrario se calentaría y consumiría más energía.

7. Descongela tu frigorífico regularmente

Descongelarlo de vez en cuando asegura un constante y eficiente enfriamiento con un consumo moderado. Si en un compartimento hay escarcha, esta es lo que se enfría primero (en vez de los alimentos), cosa que obliga al frigorífico a realizar un sobresfuerzo para enfriarlo y un consumo mayor de energía (y dinero extra). Afortunadamente, muchos modelos nuevos de frigoríficos incorporan un sistema automático de descongelado.

8. Selecciona la temperatura óptima

No fijes la temperatura en un valor demasiado bajo. La temperatura óptima de un frigorífico es de 7º Celsius, mientras que la temperatura de un congelador no debe estar por debajo de los -18º Celsius. Puedes controlar fácilmente las temperaturas de la nevera y el congelador colocando dentro un termómetro común.

Ya no tiene excusas para ahorrar energía y por tanto dinero con estos trucos buenos, bonitos y baratos